Más allá del AMOR


Este video que muy bien conoces, se la dedico a todas aquellas personas que alguna vez han tenido la sangre fría de darse cuenta de un error grabe y que ya no puede hacer nada para parar los hechos. Me dijiste cosas muy duras, yo también las he dicho, pero nunca las dije con el corazón.

Lo siento, pero..te equivocaste conmigo, cuando sepas lo que es el amor tal vez ya sea demasiado tarde, todo el mundo en esta vida paga sus errores, yo ya las estoy pagando


Más allá del Amor esta la felicidad plena y autentica, esta noche he tenido un sueño, que no tenia desde hace muchisimos años, soné que me enamoraba de otra persona, ahí descubrí que hay vida y felicidad mas allá de la persona que siempre he tenido en la cabeza. Ahora me podría enamorar de cualquiera si es que realmente lo siento, antes no lo veía así, puesto que estaba ciego de “amor”. Pero no debo centrarme en eso, esta bien saberlo pero hay cosas importantes que uno debe de realizar en su vida para sentirse pleno. No debemos olvidar el amor que tuvimos, recordarlo sin rencores, sin odios.


Me ha parecido muy interesante este artículo de www.mujernueva.org, describe de manera concisa lo que es el verdadero amor y en ello deberíamos reflexionar. Tengan en cuenta que si lo pensáis con frialdad, tal vez os llevéis alguna sorpresa, puesto que podréis descubrir que la pareja que está a vuestro lado no es la persona que mas se ajusta al ideal de lo que significa realmente amor. Tienes que tener claro lo que quieres para tu vida y de quien quieres que esté a tu lado en el futuro, tal vez estés ciego/a y no puedas verlo y hasta que no recibes un palo en la vida, no te darás cuenta de la verdad, también puedes actuar y tomar las riendas de tu vida, sentirte orgulloso/a de ti mismo/a. Pero para ello hay que ser muy fuerte, lo suficiente como para que no te decaigas en el intento, pero no olvides una cosa, levantate cuantas veces sea necesario si sabes de verdad que esa es tu vida y es lo que quieres buscar, encontrar y realizar.

El verdadero amor

Es la aceptación de lo que el otro es; de lo que el otro ha sido; de lo que el otro será y también de lo que ya no podrá ser.

Por: Marta Luján

Navegando por Internet me encontré la siguiente historia, de autor desconocido, que me hizo reflexionar mucho: Una enfermera recibió en la clínica a un hombre de cierta edad que necesitaba que le curasen una herida en la mano. Tenía bastante prisa, y, mientras le curaba, la enfermera le preguntó qué era aquello tan urgente que tenía que hacer.

El hombre le contó que su mujer vivía desde hacía ya algún tiempo en una residencia de ancianos, ya que tenía un Alzehimer muy fuerte, y él iba todas las mañanas a desayunar con ella.

Mientras le terminaba de vendar la herida, la enfermera preguntó:

– ¿Su esposa se alarmaría mucho si usted llega tarde esta mañana? .

–No– respondió el hombre–, mi mujer no sabe quién soy. Hace cinco años que ya no me reconoce.

La enfermera, algo extrañada, le dijo:

–Entonces, ¿por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas? .

El hombre sonrió y le dijo:

–Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella.

Después la historia terminaba con esta hermosa reflexión: “El verdadero amor no se reduce a lo físico o a lo romántico; el verdadero amor es la aceptación de todo lo que el otro es, de lo que ha sido, de lo que será y de lo que ya nunca podrá ser”.

Se ha idealizado tanto y se ha manipulado tanto el amor en nuestros días que hemos hecho de él una caricatura y ya no sabemos qué es el verdadero amor.

Pienso que un momento maravilloso para poder descubrir este amor es el noviazgo; pero, desgraciadamente, muchos jóvenes no tienen la menor idea de lo que esta palabra significa.

Algunas parejas reducen su noviazgo al binomio pelea-reconciliación. Discuten, muchas veces por pequeñas cosas que podrían solucionarse con un poco más de diálogo y también de madurez; se separan y luego se vuelven a reconciliar… y así se la pasan y se les pasan los meses y hasta los años. Un buen día se casan, y ¡oh, sorpresa! “mientras fuimos novios él (o ella) no era así”. Probablemente sí era así, pero no hubo tiempo de noviazgo real para comprobarlo.

Y es que el noviazgo tendría que ser realmente una escuela de amor. La escuela en la que dos jóvenes se conocen a fondo y aprenden a amarse de veras, a desprenderse de sí mismos para darse al otro y dar vida a otros, sus futuros hijos.

Podemos casi decir que de un buen noviazgo depende un buen matrimonio. Quizás alguna persona leyendo este artículo podría decir “pues yo tuve un noviazgo muy corto y ya llevo muchos años casada”… Y no tengo nada que discutirle, pues un buen noviazgo no es cuestión de tiempo, sino de “calidad”. Yo he conocido alguna pareja con diez años de noviazgo y uno de matrimonio… ¿Qué pasó? ¿En qué se fueron esos diez años?

La calidad de un buen noviazgo consiste en ser sinceros el uno con el otro, en aprender a donarse mutuamente, en aprender a ceder, a compartir los gustos del otro, a conocerse mutuamente y aceptarse.

Efectivamente el amor verdadero, como decía al inicio, no se reduce a lo físico o a lo romántico. No es cuestión de que él sea un adonis y ella una afrodita, pues sino, ¿qué sucederá con el paso de los años?

El verdadero amor es:

La aceptación de todo lo que el otro es: Para aceptar a la otra persona tal como es, se necesita conocerla realmente. El conocimiento de otra persona se logra a través del trato frecuente; y por trato no entiendo el mero hecho de estar juntos, pues si así fuera, estaría en grado de conocer al conductor del autobús 33 que pasa por mi casa y que tomo con frecuencia… Hablo de un conocimiento profundo, de un compartir pensamientos, ideas, sentimientos… ¿qué piensas de esto?, ¿cómo te gustan este tipo de cosas?, ¿qué significa esto para ti? Conocer a una persona se logra a través de la escucha. Escuchar al otro con interés, con atención, sin estar más pendiente de si el camarero derramará el líquido cuando me sirva que de las palabras de mi acompañante.

Cuando se da este conocimiento profundo de la persona, puedo llegar a aceptar todo lo que el otro es. Puedo aceptar sus repentinos disgustos y enfados porque entiendo qué los provoca; puedo aceptar su mal humor en las mañanas o cuando regresa de la oficina, porque sé de dónde vienen; puedo comprender que él necesite momentos de silencio o de estar solo… en fin, puedo aceptarlo tal como es.

La aceptación de todo lo que el otro ha sido: Un noviazgo con una persona se inicia en un momento determinado; pero antes de ese momento, ha habido otros momentos que han estado llenos de experiencias, de alegrías, de tristezas, de errores y aciertos, y que no pueden ser ignorados porque forman y son parte de la persona que tengo delante. Es verdad que el pasado no determina, pero sí configura. En las conversaciones entre los novios debería ir saliendo poco a poco la propia historia contada con sinceridad y sin miedos. No olvidemos que el verdadero amor es capaz de perdonar y de olvidar.

Conocer el pasado ayuda también para ver qué pasos se pueden dar juntos hacia el futuro, donde la carga ya no la lleva uno solo sino los dos. Cuántos matrimonios se han roto al iniciar con las palabras “yo no sabía…”. El miedo a perder a una persona no nos puede llevar a engañarla, pues por una parte le estaremos haciendo un gran daño, y, por otra, si al contarle algo nos abandona quiere decir que su amor no era tan grande y, quizás, tampoco tan auténtico.

La aceptación de todo lo que el otro será: Si el novio es estudiante de medicina, debo saber que me casaré con el hospital; que habrá días y noches en que él estará ausente, que quizás los temas de conversación girarán en torno a la salud y la enfermedad “de otros”, que llegará cansado y de mal humor para salir a cenar, etc.

Me caso con un hombre, es verdad, pero que tiene una profesión, unos amigos a los que les gusta mucho la cerveza y ver el fútbol, una familia que le habla demasiado seguido por teléfono y que quieren que vaya a su casa con más frecuencia… Se solía decir que los niños nacían con un pan debajo del brazo…; el que se casa, además de un marido o una mujer, se lleva un baúl de sorpresas. Pero todas ellas ya quedaron pensadas y ponderadas durante el noviazgo. Ya hubo diálogo y conversaciones sobre ello, ya hubo acuerdos basados sobre la realidad de lo que los dos somos capaces de hacer y de renunciar.

La aceptación de todo lo que el otro ya no podrá ser: Quizás sea éste el punto más interesante. El noviazgo debe ser realista. El verdadero amor es ilusionado, pero no ilusorio. Cuántas veces nos podemos topar con quienes dicen “él es así, pero yo lo voy a cambiar”… Sueños inconsistentes que echan a perder la felicidad de muchos. Según los expertos, es más fácil aprender nuevos comportamientos cuando somos pequeños que cuando somos grandes. El noviazgo no es una excepción. No podemos pasar la vida esperando que él o ella sean diferentes; a veces, después de mucho tiempo se llega a descubrir que él no estuvo nunca dispuesto a cambiar o que, simplemente, no sabía que ella deseaba que cambiara.

Acepto y quiero lo que él o ella son ahora, en este momento, en cada momento, pues no puedo asegurar que mañana sea igual. Quizás mañana habrá unas canas de más, unas arrugas de más, una enfermedad, una pérdida de empleo… Pero nada de eso puede cambiar el verdadero amor, porque yo amo en ti lo que tú eres, lo más profundo de ti mismo, esa intimidad que sólo conocemos y compartimos tú y yo. Ese es el amor que permite seguir amando aun cuando ella no sabe quién soy yo, pero yo sé todavía muy bien quién es ella.

La mujer tiene una especial capacidad para empatizar con el otro. Entiende mejor el corazón humano. Lo llaman intuición femenina. Su sensibilidad le permite “sufrir” con el otro, ponerse en lugar, compadecerse de verdad. Y cuando la mujer descubre al hombre indefenso, no puede evitar que ese sentimiento de ternura que le viene dado por su natural afectivo, la invada. Entonces, sonríe, como una forma de decir al otro: no te preocupes, apóyate en mí. Esa sonrisa es un abrazo que acoge y da seguridad. La fortaleza de la mujer empieza cuando sonríe en los momentos tristes.

Para que la mujer sonría tiene que aprender a vivir “despacio”, sin dejarse atropellar por el torbellino de las circunstancias. Necesita tiempo para estar atenta a los otros, a los suyos… Cuando los vea, descubrirá sus necesidades; y si las descubre, se entregará a remediarlas. La mujer es madre siempre. Entonces sonreirá pero lo hará desde dentro y su sonrisa tendrá luz.

Fuente

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